La salvación es completamente una obra de la gracia soberana de Dios, desde su propósito eterno hasta su aplicación eficaz.
Incapaces de salvarnos
Debido al pecado, el ser humano no puede salvarse a sí mismo. La esperanza no descansa en una decisión autónoma, en méritos personales ni en capacidad religiosa, sino en la misericordia soberana de Dios.
La obra del Dios trino
Dios determinó desde la eternidad salvar para sí un pueblo por medio de Jesucristo. El Padre escogió, el Hijo redimió y el Espíritu Santo aplica eficazmente la obra de salvación a quienes Dios llama.
Gracia que produce adoración
Estas verdades excluyen la jactancia humana y producen humildad, seguridad, gratitud y adoración. Rechazamos toda enseñanza que coloque finalmente la gloria de la salvación en el hombre.

