Cristo ha dado a su iglesia la responsabilidad de cuidar amorosamente la doctrina y la vida de sus miembros.
Una responsabilidad de amor
La iglesia no debe ser indiferente cuando un miembro se aparta persistentemente del camino de Cristo. El cuidado pastoral y congregacional incluye exhortar, corregir y llamar al arrepentimiento.
Los propósitos de la disciplina
La disciplina procura restaurar al creyente, proteger a la congregación, preservar el testimonio del evangelio y honrar el nombre de Dios. Nunca debe ser usada como instrumento de control o venganza.
El espíritu correcto
Toda corrección debe ejercerse con humildad, paciencia, amor y un sincero deseo de restauración, siguiendo el orden y los principios establecidos por Jesucristo en su Palabra.

